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Editorial la caja de Pandora | Lacalle Pou | Falero

¿Dónde está el chancho?

La caja de Pandora

¿Y si nos atrevemos a abrir la mitológica caja de Pandora y dejamos salir algunos de los misterios que nos dejan de herencia Arbeleche, Falero y Lacalle Pou?

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Nadie sabrá lo que encierra “la caja de Pandora” hasta que el 1º de marzo Yamandú Orsi se convierta en presidente de la República y los ministros que asuman comiencen a conocer los “detalles” que no fueron informados en la llamada transición.

No obstante, estos últimos meses han mostrado que es muy probable que detrás de cada puerta se esconda el chancho.

Pandora no era una bruja sino un personaje de la mitología griega, la primera mujer creada por Hefesto por orden de Zeus. Zeus, que de bueno no tenía ni un pelo, quería vengarse del travieso Prometeo que había hecho el sacrilegio de robar el fuego para dárselo a los humanos.

Deseoso de vengarse, actividad a la que Zeus dedicaba buena parte de sus horas libres, no tuvo otra idea que presentarle a Epimeteo, hermano de Prometeo, una mujer cuya belleza era deslumbrante y su curiosidad infinita. Como regalo de bodas, Zeus regaló a la pareja una caja que recomendó no abrir porque contenía todos los males.

Pese a que el astuto y maligno Zeus advirtió que no deberían abrirla ni por joda, era previsible que la curiosísima Pandora no iba a aguantarse y abriría la tan famosa caja sin perder tiempo. Como Zeus lo había imaginado, Pandora metió la pata y la mano en la lata. Tan boluda y curiosa que, aun habiendo sido advertida, quiso mirar qué había dentro.

Al abrirla, escaparon de su interior todos los males del mundo. Cuando atinó a cerrarla, solo quedaba en el fondo Elpis, el espíritu de la esperanza, el único bien que los dioses habían metido en ella.

Si la esperanza es un bien deseable o el peor de los males porque nos crea ilusiones falsas y prolonga el suplicio, ya es cuestión para filósofos. Por lo pronto, la esperanza es más o menos lo único que nos queda y la expectativa de encontrarla en el fondo de la caja después de haber liberado todas las miserias y las peores sorpresas no debiera embriagarnos y no debiéramos abandonarla, al menos, sin luchar.

Vamos a ver cómo es el mundo del revés

¿Y si nos atrevemos a abrir la mitológica cajita y dejamos salir algunos de los misterios que nos dejan de herencia Arbeleche, Falero y Lacalle Pou?

Esta semana nos enteramos que el proyecto Ferrocarril Central costará unos 160 millones de dólares más. No nos enteramos ni por el MEF ni por el MTOP. De hecho, las versiones que salen de ambos ministerios aparentan ser contradictorias. Para el MTOP el tren está en funcionamiento adecuado, lo que implicaría que el Estado debería estar haciendo los pagos por disponibilidad en forma regular. Sin embargo, todo indica que fue el MEF quien “trancó” los pagos, aparentemente amparado en alguna cláusula del contrato.

Sea como sea, tomamos conocimiento de la cifra precisa porque forma parte del pedido de arbitraje contra el Estado uruguayo iniciado por el Grupo Vía Central (GVC). De ser cierto lo que reclama GVC, el impacto fiscal sería de 0.20 % del PIB, déficit que no fue registrado en el 2024 y quedaría para el 2025; es decir, como una deuda para ser pagada por el próximo Gobierno.

Resulta más curioso que nos hayamos enterado de la demanda unos días después de haberse firmado el controvertido contrato del llamado Plan Neptuno con un conglomerado de empresas en que participan algunos de los que integran el Grupo Vía Central. Si la demanda hubiera sido presentada unos días antes, el Estado no hubiera debido firmar un contrato con una empresa que lo está demandando. Pero, si resultaba sospechosa la urgencia del Gobierno de firmar el contrato antedicho, más sospechoso es el timing que se usó para demandar luego de firmar.

A finales del año anterior se generó una situación de naturaleza similar con las deudas de ASSE, cuando miembros de la administración entrante acusaron al Gobierno actual de dejar deudas por 200 millones de dólares. Esto fue tajantemente desmentido por el Gobierno, sobre todo por la ministra Arbeleche, quien sostuvo que las deudas eran “similares” a las que había heredado del Cr. Astori. Claro que como ocurrió con el fondo coronavirus, lo hizo sin presentar información que permitiera desestimar la información presentada por los representantes del Frente Amplio. Se ve que en este caso la ministra de Salud Pública, Karina Rando, tenía todos sus recursos contables dedicados a controlar las compras de papel higiénico y gasas de CASMU. Estos pasivos de ASSE representan otro 0.25 % de déficit fiscal sobre el PIB no registrado el año anterior, por lo que, sumado a lo del ferrocarril, ya vamos en 0.5 % del PIB de déficit fiscal no incorporado a las “cifras oficiales” de la ministra Arbeleche.

El pueblo parecía haber quedado tranquilo cuando la ministra de Economía había declarado urbi et orbi que le había ganado al Cr. Danilo Astori con el déficit fiscal. Aunque fuera por una cabeza y con cálculos dudosos, para sus propios cálculos, había conseguido el parricidio. Y al final del período de gobierno empezamos a sospechar que esa fue la principal motivación de la ministra. De otra manera, no se explica que en un Gobierno agobiado por la criminalidad no hubiera encontrado los fondos para tener al día el servicio 222 del Ministerio del Interior.

Hasta el Consejo Fiscal Asesor, un invento de la propia ministra Arbeleche incorporado a la LUC, pareció querer distanciarse de la política fiscal la semana pasada, algo que a ésta no le gustó para nada. Se ve que las recomendaciones de los asesores “independientes” de este Gobierno solo son válidas cuando dicen lo que los jerarcas desean escuchar.

Pero todo un Gobierno no puede haber quedado a la merced del impulso casi adolescente de una persona por romper un vínculo de filiación intelectual y laboral. Tiene que existir alguna razón más de fondo, y nos preguntamos si todas estas deudas acumuladas no fueron dejadas de gusto para forzar al entrante ministro Gabriel Oddone a subir impuestos, algo que algunos capitostes del Partido Nacional vienen “augurando” ruidosamente. Al menos lo han advertido con mucha mayor sonoridad que en el caso de Conexión Ganadera, estafa que parecería haber ocurrido sin que ninguno de los connotados “expertos” agropecuarios hubiera tenido jamás un indicio.

Podríamos seguir con una larga lista de deudas no registradas en el déficit del año pasado y las que no conocemos a empresas viales que sumarían tal vez otros 200.000 millones más. Ni que hablar con las millonarias contrataciones de último momento que comprometen las finanzas futuras por plazos que exceden incluso los de la administración que se inicia el próximo sábado, y las lanchas gallegas, los aviones Tucano, los radares y hasta los pasaportes cuyas compras también resultan tan o más sospechosas cuando se realizan en forma inconsulta, prescindiendo de las autoridades electas y con un pie en el estribo.

La dudas sobre la cifra exacta del déficit fiscal ha logrado opacar otra cifra que es mucho más importante y mucho más difícil de ocultar: la deuda pública. Y aquí se agotan rápidamente las dudas. El equipo económico actual asumió con una deuda bruta que representaba el 48 % del PIB. Hoy, en cambio, la deuda representa el 60 % del PIB. En términos de dinero, esto implica que, si se hubiera mantenido el peso de la deuda al cierre de 2019, hoy ésta sería casi 10.000 millones de dólares menor a la inicial. Y cuando se habla de política fiscal, este ratio es el indicador fundamental, ya que su aumento implica que la deuda crece más rápidamente que la producción nacional, algo que es insostenible, y a partir de determinados límites pone en riesgo la solvencia del país.

Es por ello que el entrante ministro Oddone pone énfasis en el crecimiento. No hay ajuste fiscal que pueda corregir esta situación si no logramos sacar a la economía del estancamiento en el que se encuentra para reencauzarla en una senda de crecimiento.

Ahora bien, como ocurre con una empresa, es muy difícil generar crecimiento en un país sin inyectar recursos. La fábula del Consenso de Washington de que se genera crecimiento simplemente reduciendo la inflación y bajando el déficit fiscal ha quedado derribada desde hace ya mucho tiempo; solo persiste en mentes escasas que razonan en planos cartesianos bidimensionales. Si fueran astrónomos se hubieran quedado con el pensamiento ptolemaico…

¿De dónde van a salir entonces estos recursos? Se nos dice que no se puede poner impuesto a los depósitos al exterior. A los bancos no se los puede tocar tampoco, y el pueblo debe sentarse a ver cómo todos los años se pagan cientos de millones de dividendos al exterior sin que nadie diga nada. Se nos dice que tampoco los millonarios beneficios fiscales que se les dan todos los años a grandes superficies e importadores, en general vía COMAP, se pueden tocar. Entonces, ¿será que el eslabón más débil es el de las pymes, los asalariados y las capas medias? ¿Es el más débil y el que menos resistencia opone?

Tal vez Oddone y su equipo tengan ideas potentes, inteligentes e innovadoras para captar inversiones, generar puestos de trabajo, fortalecer cadenas de valor y disponer recursos para impulsar el crecimiento con inclusión. Pero el salario es sagrado y quiero creer que en el gobierno del Frente Amplio, mientras exista tanta desigualdad, tanta pobreza y tanta injusticia por corregir, ni se va a hablar de desindexación salarial.

Mejor pensemos otras alternativas menos irritantes y más viables en un gobierno de izquierda que, por supuesto, no quiere ni querrá reiterar errores ni propios ni ajenos.

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