¿Por qué el Convenio 190 de la OIT es un punto de inflexión en la lucha contra la violencia laboral?
Este convenio representa un avance sin precedentes en la regulación del mundo del trabajo. Es el primer tratado internacional que aborda de manera integral la violencia y el acoso, incluyendo su impacto en la salud mental y física de los trabajadores. Además, pone en el centro la dignidad y el respeto, vinculando estos derechos con la igualdad y la seguridad en el empleo. Su ratificación implica que los países deben adoptar medidas concretas para prevenir y sancionar estas situaciones.
¿Cuáles son las principales causas de la violencia y el acoso en el ámbito laboral?
Se trata de un problema complejo que responde a múltiples factores. Las relaciones de poder desiguales dentro de las organizaciones, la precarización del empleo, la falta de controles adecuados y una cultura que normaliza ciertas conductas abusivas contribuyen a perpetuar estas situaciones. Además, el género juega un rol relevante, las mujeres y las personas de otras identidades de género son quienes más sufren violencia laboral. No podemos ignorar tampoco que la violencia doméstica tiene un impacto directo en la vida laboral de las personas afectadas.
¿Cuáles son las principales consecuencias que enfrentan las víctimas de violencia laboral?
Los efectos pueden ser devastadores en distintos niveles. Desde el punto de vista psicológico, el estrés crónico, la ansiedad, la depresión y los trastornos del sueño son algunos de los problemas más comunes. Muchas personas desarrollan el síndrome de burnout, una condición de agotamiento extremo que puede llevarlas a abandonar su trabajo o incluso a sufrir pensamientos suicidas.
Pero también hay consecuencias físicas, dolores musculares, problemas gastrointestinales, hipertensión, alteraciones en el sistema inmunológico e incluso patologías oncológicas. El impacto no se queda solo en la persona afectada, sino que también se traslada a su entorno familiar y social, generando aislamiento y conflictos interpersonales.
¿De qué maneras se pueden presentar la violencia y el acoso en el ámbito laboral?
Es un fenómeno que se manifiesta de múltiples formas. Algunas son muy visibles, como las agresiones físicas o el acoso sexual, pero otras son más sutiles y difíciles de detectar. Hay violencia psicológica cuando un trabajador es sometido a humillaciones constantes, exclusión deliberada, sobrecarga de tareas o incluso negación de tareas con el objetivo de aislarlo. También existe el ciberacoso, que ha aumentado con el auge del teletrabajo, y la violencia económica, como la retención de salarios o el chantaje con beneficios laborales.
Mencionó que las mujeres y las personas de otras identidades de género son las más afectadas. ¿Podría profundizar en esto?
Sí, los estudios demuestran que la violencia laboral no afecta a todos por igual. Las mujeres y las personas de otras identidades de género enfrentan una mayor exposición a estas situaciones. De hecho, un estudio reciente reveló que el 76 % de las mujeres y el 83 % de las personas de otras identidades de género han sido víctimas de violencia en el trabajo, en comparación con el 58 % de los hombres. La desigualdad de género y la discriminación estructural crean un terreno fértil para que estas situaciones se reproduzcan.
¿Cómo se ha implementado este convenio en Uruguay?
Uruguay ha dado un paso importante al ratificar el Convenio 190, lo que implica la obligación de adaptar su normativa y fortalecer mecanismos de prevención y control. Sin embargo, aún queda mucho por hacer. Es imprescindible desarrollar políticas públicas que incluyan la prevención dentro del marco de salud y seguridad en el trabajo, reforzar la inspección laboral y garantizar que las víctimas tengan acceso a protección y reparación efectiva. También es importante que se incorporen más programas de formación sobre la violencia laboral en todos los sectores.
¿Qué podemos hacer como sociedad para erradicar la violencia y el acoso en el trabajo?
Es una tarea de todos. Como ciudadanos, debemos exigir ambientes laborales seguros y dignos, denunciar situaciones de violencia y generar conciencia sobre este problema. La academia, el sector privado y el sector público deben trabajar en conjunto para garantizar que las normas se cumplan y que los derechos de los trabajadores sean respetados.
Este no es solo un problema individual, sino una cuestión social que nos afecta a todos. Si queremos construir un mundo del trabajo más justo, debemos empezar por erradicar estas prácticas que vulneran la dignidad de las personas.